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Se adentra Álvaro Uribe en la vida de “Los que no”

Álvaro Uribe dirige colecciones editoriales en la UNAM y pertenece al Sistema Nacional de Creadores

Si fuera una película, “Los que no” sería la historia de un filme sobre un filme.

Porque la novela de Álvaro Uribe, de editorial Alfaguara, tiene de narrador a un autor que continuamente comparte incidencias sobre el proceso de escritura del libro que el lector tiene en sus manos, al tiempo que cuenta la historia de personas que forman parte del “gremio muy mayoritario de los que no cumplieron con lo que parecían prometer”. Es decir, de “los que no”.

El relato de cómo se torcieron los caminos de un exitoso empresario, un joven maestro brillante y admirado, promisorio poeta francés sin preocupaciones materiales y un amigo tan guapo como inteligente incorpora en ocasiones hechos históricos conocidos y elementos biográficos de Uribe, lo que deja al lector con la duda de si el libro es una ficción o un documento testimonial.

Y no esperemos que Uribe (México, 1953) nos lo aclare. “Desde luego, yo no le voy a decir a nadie qué tanto es verdad, pero el narrador de la novela, que nunca dice su nombre, continuamente está recordándole al lector que es un libro y que él puede estar recordando cosas pero también las está inventando. Y lo hace haciendo cómplice al lector”, explica al Diario.

“Todo el tiempo el narrador está jugando con las fronteras movedizas que hay entre la realidad y la ficción”.

Los temas

Un secuestro, enfermedades, relaciones personales tóxicas, desidia y adicción a las drogas y al alcohol van descarrilando la trayectoria de aquéllos a quienes se auguraban futuros triunfales en una narración que suena a la de un amigo de confianza, fluida y aderezada de ironía y humor, como cuando el escritor llama a un personaje Rúnika “en homenaje al poeta Gerardo Deniz y por amor a las esdrújulas”.

El lenguaje de la novela “costó su trabajo ponerlo así; hubo elecciones, muchas correcciones, hay mucho andamiaje detrás de lo que aparece como sencillo”, señala.

“Mi intención es ser claro, preciso, decir las cosas en la menor cantidad de palabras posible, siempre y cuando esto dé lugar a ciertas digresiones del autor. Me cuesta mis horas pulir cada frase para que quede así”.

El escritor dice que el interés en el camino desviado de nuestros conocidos se debe a que “en buena medida es nuestra historia”.

“Si entendemos ‘Los que no’ como aquella gente que no logró su máxima expresión, no alcanzó sus metas, no cumplió todas sus expectativas, pues somos todos. No he conocido un solo miembro del club de ‘Los que sí’”.

“Hay momentos en los que, fugazmente, parece que sí la hicimos, hubo algún éxito, alguna meta alcanzada; pero fuera de eso... El contraste es precisamente el asunto de la novela. Y si somos honestos nos daremos cuenta que, si a los demás les está pasando, pues ha de ser que a nosotros también”, afirma.

Ironía

Uribe piensa que una compensación de la vejez es que en esta etapa “se vuelve uno más escéptico y más irónico, se toma más a la ligera que en la juventud”, y “hay cierta distancia, no le llamaría sabiduría pero sí humor, para contemplar lo sucedido”.

Al relatar un hecho del pasado, añade el escritor, “ya lo estamos modificando; dejar fuera ciertos datos que conocemos pero que no vienen a colación ya es modificarlo, y lo mismo hace la memoria: es selectiva, inventiva, fabuladora”.

“Y no solo eso, sino que cada vez que recuerdas un hecho ya lo alteraste y la próxima vez te vas a acordar no solo del hecho sino de haberlo recordado. Recordar no es dejar intactos los recuerdos, es manosearlos”.

Para Uribe únicamente en la ficción es posible escapar a los sucesos de nuestro pasado. “Contemplo el libre albedrío como si fuera un montón de monedas de oro o billetes que te vas gastando”, indica. “Cada vez que tomas una decisión importante te gastas un poco de tu libertad y eso elimina otra serie muy grande de posibilidades. En ese sentido, también ‘Los que no’ es ‘lo que no sucede’, que cobra una importancia muy grande en nuestras vidas; todo lo que no hicimos por hacer lo que sí hicimos nos define hasta la muerte”.

Un hecho en el que coinciden la ficción de “Los que no” y la realidad es la decisión del autor de inscribirse en la carrera de Filosofía por la convicción de que para escribir se necesita estudiar cualquier cosa menos Letras.

“Decidí que quería escribir, no ser profesor de literatura. Vi los programas de estudio, la cantidad de cosas poco antojosas que iba a tener que leer por estudiar Letras: el siglo XVIII, principios del XIX, el siglo hispánico es medio indigesto... iba a acabar odiando la literatura”, evoca.

La Filosofía “no te especializa en nada, te obliga a leer algunos de los libros más complejos y escribir ensayos más o menos coherentes sobre esos libros; eso me ha servido hasta la fecha”.

“Me arrepiento de miles de cosas en mi vida; pero de no haber estudiado literatura, no”, puntualiza.

¿Qué ruta torcería la pandemia del Covid-19 a “Los que no”? Uribe imagina que para unos sería el suceso que acabaría con su vida; para otros, el que los enfermaría de gravedad. “Luego habría a los que no les da, pero por estar encerrados descubren que sus esposos son un horror, que es espantoso vivir con ellos 24 horas diarias”.

También habría quien tomara una decisión que tienta al propio Uribe: “Que ya no quiere regresar, que si su oficio se lo permite no va a estar saliendo a la calle, va a dejar de ir a restaurantes con amigos que en el fondo lo aburren, que mejor los va a ver por Zoom quince minutos en vez de pasar seis horas con ellos. De paso van a beber menos porque cuando sales con los amigos acabas borrachísimo”.— Valentina Boeta Madera

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