in

Hablemos de Bioética. Virtud que forja el carácter

Foto: Megamedia

Desde el punto de vista de la redención y teniendo en cuenta el camino formativo del cristiano, la virtud de la castidad va colocada en el ámbito de la relación de amor con Dios, consigo mismo y con los otros. Contrariamente a una actitud represiva, la castidad favorece el sentido de transparencia y de custodia de un don recibido, precioso y rico, en vista del don de sí que se realiza en la vocación específica de cada uno. La castidad, se presenta entonces como una fuerza del espíritu que tiene todo el interés de proteger el amor de cualquier egoísmo o violencia.

La castidad es una virtud para todos los estilos de vida. La castidad honra y significa a la persona, capacitándola para el amor verdadero, desinteresado y generoso. La castidad es fuente de alegría tanto personal como comunitaria.

La castidad es considerada “parte subjetiva de la virtud cardinal de la templanza, que modera, conforme a la razón, el ejercicio de la sexualidad. A la razón hay que añadir la iluminación de la fe”.

La castidad es fruto del amor cristiano profundo, ya que supone una entrega total en el seguimiento a Cristo e implica no dividir el corazón ni dejarse llevar por falsas expresiones de amor. La castidad no es solo el buen uso de nuestro cuerpo, sino educación para el amor humano.

No es freno, ni represión, ni simple prohibición, sino una orientación de las tendencias e impulsos afectivo-sexuales; es iluminación, ayuda y fuerza para progresar en el bien, en vistas a un crecimiento y madurez integral.

Por tanto, la castidad no se limita a la tarea negativa de renuncia, sino tiene una función positiva que consiste en valorar, de modo justo, la sexualidad, y asignarle el lugar debido en la vida personal, conforme al propio estilo de vida. La castidad es un compromiso de vida para aprender a amar.

Para vivir la castidad, no basta tener miedo a las enfermedades venéreas o al qué dirán, puesto que como virtud requiere una motivación más completa en cuanto a la dignidad humana y a la llamada de Dios a convivir en el amor con los demás. La castidad, en cualquiera de los estilos de vida, lleva hacia signos de una capacidad de amar al prójimo con fidelidad y entrega.

Reflexionemos ahora a cerca de los distintos caminos para vivir la castidad. Tengamos en cuenta que algunas normas acerca de la castidad son válidas para todos; otras varían según las características del compromiso de vida de cada uno.

Cabe decir que las personas solteras, jóvenes o adultas, próximas a casarse o sin opción por el matrimonio, mientras permanecen libres, tienen un deber particular de castidad semejante a las personas consagradas o célibes, ya que no deben tener el uso de la genitalidad al modo de la vida conyugal sin el compromiso estable y definitivo del hombre y la mujer unidos con el lazo indisoluble del sacramento matrimonial; además de las graves injusticias que se suelen cometer y otros daños que resultan de las fornicaciones o uniones fortuitas, correrían el riesgo de alejarse del verdadero camino del amor y la fidelidad.— Presbítero Alejandro Álvarez Gallegos, doctorando en Bioética

Síguenos en Google News, da clic AQUÍ .

Versiones públicas de sentencias, en la Plataforma Nacional de Transparencia

Senador confirma recorte federal al gobierno yucateco