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Votar y luego cuidar el voto, la clave

Filiberto Pinelo Sansores
Editorial de Filiberto Pinelo Sansores

Las elecciones más grandes del país

Filiberto Pinelo Sansores (*)

Finalmente, este domingo será la encuesta de encuestas, la gran elección que despejará las dudas acerca de si el gobierno de la 4T sigue contando con el apoyo de las grandes mayorías del país o éstas han cambiado de opinión y decidido ahora seguir a las fuerzas que pretenden regresar la historia al punto donde estaba el 1 de julio de 2018.

Desde este jueves 3, día posterior al cese de las campañas, millones de mexicanos tendrán oportunidad de reflexionar su voto, después del bombardeo de mensajes recibidos por todos los medios posibles, a lo largo de la campaña, caracterizada ésta por la confrontación, en lo fundamental, de dos posturas: la de quienes quieren que siga un proyecto de país nuevo y quienes quieren que zozobre.

En torno a este eje fundamental, se producen, en cada entidad federativa otras batallas por posiciones muy puntuales en las que se ponen en juego las distintas visiones que tienen los ciudadanos sobre el desempeño de partidos y candidatos que compiten por cargos locales y la forma política —el voto— que tienen para escogerlos o desecharlos.

Los dos planos —el nacional y el local— explicarán, al final de cuentas, no sólo los resultados en ambos niveles, el federal y el estatal (considerándose en éste, el de las gubernaturas, los ayuntamientos y las legislaturas) sino el saldo final: ¿avanzaron las fuerzas que pugnan desde 2018 por hacer avanzar un proyecto de nación diferente al que México traía desde el siglo pasado o serán frenadas?

Se considera ésta la gran madre de todas las batallas electorales por el número de los procesos involucrados. Su tamaño y complejidad no tiene antecedente. En la jornada estarán en juego 20 mil 415 cargos de elección popular, de los cuales 500 serán de diputaciones federales, 15 de gubernaturas, mil 923 de presidentes de ayuntamientos y alcaldías, mil 63 de diputaciones locales y 16 mil 914 de cargos correspondientes a sindicaturas, regidoras, juntas municipales y presidencias de comunidad.

En un país en el que la política ha sido una constante, jamás había habido un proceso electoral tan grande, mismo que se está dando en condiciones de violencia en ciertos estados en la que ésta es carta común desde tiempo atrás.

La contienda se produce en condiciones algo diferentes a lo que estuvimos acostumbrados durante los largos años de la simulación democrática en que mientras los árbitros se hacían de la vista gorda, actores interesados en controlar los cargos públicos usaban el dinero de los contribuyentes y generosos donativos de patrocinadores privados —que después se cobraban con jugosos contratos— para inclinar los procesos en favor de sus candidatos. Hoy, existe la voluntad política del gobierno federal de evitar que, tanto él, como los demás gobiernos —en los tres niveles de la escala— usen el dinero público para apoyar, bajo cuerda, a los candidatos de algún partido.

Por una iniciativa suya, el Congreso de la Unión, incorporó en nuestra Constitución un texto que convierte en delito, sin derecho a fianza, el fraude electoral.

Pero no todos los flancos están cubiertos. No obstante que se han aprobado leyes que tienen como fin la máxima protección a la voluntad popular, es obvio que muchos de quienes ambicionan cargos públicos, ya sea para sí o para protegidos suyos, no tienen empacho en transgredir las normas de la democracia pensando en que nada pasará, que las cosas serán como siempre han sido.

Han trascendido al conocimiento público denuncias que involucran a gobiernos y particulares en la operación política para favorecer a partidos y candidatos afines. Millonarias cantidades se han erogado en el pago de costosos espectaculares por algunos candidatos en algunas ciudades, como la nuestra, en que dos candidatos que por años han estado en la palestra, monopolizan el gasto en este oneroso medio de campaña.

En el interior del estado, ha habido denuncias de reparto de maíz y despensas por parte del gobierno estatal en favor del partido del titular del Ejecutivo, Mauricio Vila, no obstante haber firmado éste, el martes 23 de marzo, junto con los restantes 30 gobernadores y la Jefa de Gobierno de Ciudad de México, con el presidente del país, Andrés Manuel López Obrador, el compromiso, titulado Acuerdo Nacional por la Democracia, para abstenerse, todos, de interferir en estas elecciones (D. de Yuc., 23-05-21). Y es que, como dice la canción, “la costumbre es más fuerte que el amor”.

Asimismo, en otros estados se han documentado casos de aspirantes a gubernaturas que reparten tarjetas para cobrar por el voto después del 6 de junio o han invertido en sus campañas recursos procedentes del lavado de dinero.

Nunca en México ha habido democracia, ni siquiera cuando triunfó el gobierno federal actual pese a que lo hizo de manera contundente con una cantidad de votos que sepultó a sus opositores, porque nunca han sido perseguidos quienes incurren en conductas delictivas para alterar comicios, ya sea durante el desarrollo de las campañas o en el día de las jornadas electorales.

Los árbitros siempre han permanecido ciegos, sordos y mudos ante hechos obvios de defraudación electoral, como el desvío de recursos públicos a campañas, el exceso de dinero en ellas, la compra de conciencias aprovechándose del hambre y la miseria de millones, acciones que han inclinado las balanzas a favor de los defraudadores.

Lo que en 2018 impidió que el fraude triunfara fue la avalancha de votos recibidos por el candidato triunfador que sepultaron toda posibilidad de que el fraude triunfara, no la acción de aquéllos. La compra de votos, el gasto excesivo y otras tretas no dejaron de existir en aquélla elección, pero a pesar de ellos, la democracia se impuso.

La lección no puede ser más obvia: independientemente de que los llamados y exhortos presidenciales a que por primera vez en nuestro país tengamos elecciones limpias, los ciudadanos tenemos en nuestras manos la posibilidad de que eso suceda haciendo lo que está de nuestra parte. Esto es, salir a votar masivamente para que sean los votos los que paren cualquier posibilidad de fraude. Votar y cuidar el voto, esa es la clave para seguir avanzando.— Mérida, Yucatán.

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

 

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