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Suprema Inquisición o Suprema Corte de Justicia

Beatriz Ávila Gómez (*)

Señores Ministros:

Es cobarde su insensatez de querer imponer la cultura de la muerte en todo el país no solo agrediendo la libre autonomía de los congresos estatales, cayendo en un activismo judicial, sino también su incongruencia y su extraña actitud, ya que gracias al SÍ de sus madres respetando su fecundación y la vida de cada uno de ustedes, al no ser abortados están vivos, gozando de todos sus derechos y privilegios.

Qué afortunados y malagradecidos son con sus progenitoras y con la vida.

Quiénes son ustedes para querer profanar la conciencia de las personas, en especial del sector salud, cuyo juramento hipocrático les obliga por su condición médica y conocimientos a respetar y luchar por cada vida que reciben en sus manos a través de un sentido, sensible, humano.

La vida es un don, un derecho inalienable, la vida se inicia desde la concepción por la unión de un hombre y una mujer; estas dos personas a su vez conciben una tercera persona. Ese hombre y esa mujer al mismo tiempo se convierten en madre y padre, para proteger, aceptar, amar, a esa hija o hijo.

Esa hija o hijo desde la concepción tiene su propio ADN, la genética e historia de sus padres y su propia genética e historia; ministros así llegaron cada uno de ustedes. ¿Es esto un ideal, una mentira? NO, es una verdad, una realidad.

Una realidad: se defiende a las tortugas, ballenas, toros de lidia, perros, gatos, porque es una crueldad que sufran y los maten y qué bueno que se hace; luego entonces esa humana y tercera personita que día a día se va formando, desarrollando, creciendo, en el vientre materno, inocente, impotente, indefenso, sin voz, sensible al dolor, ¿para él no hay compasión, sensibilidad al sufrimiento infligido mientras lo están matando?

Cruel deshumanización por hacerlo, por permitirlo, derramar sangre inocente que nos manchará como personas, como sociedad, incluyéndolos a ustedes, guste o no guste.

El llamado es a ustedes Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que su recta conciencia enaltezca, prevalezca, dignifique, las instituciones que representan, la República, fortaleciendo a través del respeto: la vida, la familia, el matrimonio natural, impartiendo una verdadera justicia para el ser más indefenso, logrando, un bien superior, un bien común, esencia vital del ser y hacer de la política, o siendo y haciendo historia recordando aquel tenebroso pasado llamado Inquisición.— Mérida, Yucatán.

Ciudadana

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