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Mario Benjamín Valadez Meraz: Para dejar de ser de los más corruptos

El papel de todos los involucrados

Si, como afirmé en mi colaboración anterior, cada uno hiciera lo correcto, nuestro México no sería uno de los países más corruptos del mundo.

En esta ocasión, por considerar el tema de interés para los lectores, externaré mis comentarios sobre cómo podemos contribuir para no ser más parte de esos países, porque es vergonzoso que seamos reconocidos como deshonestos.

¿Que si somos un país de corruptos? Es una mala fama que los mexicanos con creces nos hemos ganado. ¿Que los principales transgresores han sido nuestros exgobernantes? Eso no está a discusión porque, si por algo se distinguieron, fue por enriquecerse a costa del erario.

También es digno de mencionar “que el dinero mal habido así como llega se va”, lo que siempre les perdurará y acompañará toda la vida serán el rechazo y desprestigio de la sociedad. Con esto no quiero decir que los ciudadanos no tengamos culpa alguna. ¡Claro que somos culpables! ¿Quiénes en algunas ocasiones sobornamos a policías, agentes de tránsito y autoridades para salir de un problema? Pero la mayoría lo somos por callar en lugar de denunciar a todos aquellos que nos tienen sumidos en el desprestigio total.

Cierto que el Congreso del Estado, partidos políticos, órganos encargados de vigilar, fiscalizar y controlar el gasto público y los especializados en combatirlos, directamente no fueron culpables de los “supuestos” actos de corrupción perpetrados por las últimas dos administraciones estatales, pero tan culpables son quienes los cometen como aquellos que por omisión callan.

Los diputados locales del PRI son culpables por no señalar a los exgobernadores las irregularidades que estaban cometiendo, como la proliferación de facturas apócrifas de empresas fantasmas, que el Diario denunció y ellos como mayoría legislativa no consideraron, toda vez que aprobaron las cuentas públicas de esos gobiernos.

Por lo que respecta a partidos políticos, los del Revolucionario Institucional son culpables por solapar y permitirles que transgredieran la ley, pero sobre todo por no ponerles un hasta aquí.

Pero ¿cómo podemos pedir “honestidad” a un instituto que durante décadas se ha repartido las plurinominales? Al no existir reglas claras en las designaciones, sus presidentes, secretarios y protegidos han sido los primeros en beneficiarse. Y… señores ¡esto también es corrupción!

En lo que se refiere a la Auditoría Superior del Estado de Yucatán (ASEY), el órgano encargado de fiscalizar los recursos públicos para prevenir prácticas irregulares, en teoría tiene funciones muy interesantes pero en la práctica ha dejado mucho que desear, porque a sabiendas que existían irregularidades no las impugnó.

Respecto al desempeño del titular de la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción, ha sido tan deplorable su actuación que desde su constitución (14/11/19) en lugar de resultados solo ha dado penas. Siendo realistas, cómo podemos pedírselos a quien no tiene ni la menor idea de cuáles son los alcances y objetivos de una auditoría.

Aunque no son políticos, no puedo dejar de mencionarlos porque se les ha involucrado con ellos. Me refiero a quienes se desvivían por hablar bien del gobierno federal con tal de recibir sus respectivas “dádivas”. Pero no contaban con que la administración de AMLO los exhibiría públicamente y les quitaría todas esas prerrogativas que durante años habían disfrutado.

Si de aquellas riquezas naturales: playas, selvas y áreas verdes, hoy tan solo recuerdos nos quedan, es algo que tenemos que agradecer a nuestros expresidentes, quienes aprovechándose del poder transfirieron muchas de ellas a inversionistas nacionales y extranjeros. Y cómo no mencionar a Petróleos Mexicanos que durante décadas personifico la principal fuente de ingresos de México. Pero al parecer eso no les importó porque, además de considerar a la paraestatal como su “caja chica”, impusieron como directores generales a funcionarios que no tenían el perfil, experiencia y escolaridad necesarios para desempeñar el cargo.

Lo que todos quieren

El México que todos los mexicanos queremos y el que anhelamos que hereden nuestros hijos y nietos, requiere de servidores públicos, organismos especializados en fiscalizar el gasto público e instituciones encargadas de impartición de justicia honestas y comprometidas con el pueblo y que no se tienten el corazón para castigar a quienes delinquen. Y porque es una exigencia popular ¡Ya basta de corrupción e impunidad!

Pero para que esto sea posible es necesario que todos nos comprometamos con erradicarla, los ciudadanos dejando atrás la práctica del soborno y su indiferencia por denunciar a los que transgredan la ley, y los gobiernos solidarizándose con la educación para que a mediano y largo plazos México sea reconocido mundialmente como un país de profesionistas.

De igual forma es necesario que se profesionalice el servicio público de los mandos medios a superiores, para que aquellos que los ocupen tengan un título que los acredite y la experiencia suficiente que los avale, pero sobre todo la honestidad para desempeñarlos. ¡Basta de que nuestros gobernantes impongan a parientes y amigos en puestos que no tienen la menor idea de cuáles son sus funciones!

Como prueba de esta aseveración está Alejandro Menéndez Bojórquez, secretario de fomento agropecuario y pesquero durante la administración de Ivonne Ortega Pacheco y quien no tenía atributos para desempeñar el cargo.

Ahora si quieren continuar siendo los mismos indiferentes de siempre a los que les vale… todo, entonces señores continúen adelante, pero solo recuerden que el día de mañana será demasiado tarde para lamentarse.— Mérida, Yucatán.

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