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Apuntes del estancamiento

Cosas cotidianas

Javier Caballero Lendínez (*)

La traición romana.

Lucio Voreno, protagonista en la serie “Roma” de HBO y la BBC, era un centurión romano de la digna XIII Legión, que peleó en innumerables batallas, entre ellas la de la Galia.

Ese Lucio Voreno, el de ficción —un tipo interpretado por Kevin McKidd, quien después dejó la indumentaria romana para convertirse en doctor en Grey’s Anatomy— vivió en una época en la que las emboscadas políticas estaban a la orden del día (como ocurre hoy, vamos); en la que hasta el aire que se respiraba era campo fértil de planes sanguinarios contra los tiranos y rivales (o sea, como sucede hoy); en la que los senadores se traicionaban unos a otros con tal de defender sus posesiones, sus ascensos y sus necesidades personales (es decir, como ocurre hoy).

El verdadero centurión Lucio Voreno, ese que aparece casi de soslayo en el libro De Bello Gallico del dictador Julio César, es un tanto diferente al de ficción. Perteneciente a la IX Legión, su paso por la memoria histórica de esa imperial Roma fue casi anecdótica. Eso sí, vivió la caída de Julio César a manos de unos cuantos senadores enemigos y, posiblemente, la pelea posterior de Marco Antonio, Lépido y Octavio (posterior emperador Augusto) contra los asesinos.

Pues nada nuevo, ¿no? Parece que desde seis décadas antes de Cristo hasta hoy no hemos evolucionado casi nada en política. Y, por cierto, aún estamos peleando por derechos fundamentales del ser humano, los cuales también se pisoteaban en la antigua Roma.

Con el pasaporte a resguardo.

Hoy, con tanta venganza y odio pululando por el espacio sideral, retener el pasaporte a cualquier político que jure un cargo público ahorraría muchos problemas futuros, al igual que sucede con muchos enjuiciados de a pie por miedo a su desaparición en otros lares.

Definitivamente no hemos evolucionado mucho como sociedad con la huida de los políticos a otros países, no solo mexicanos, tal y como me lo recordó recientemente el doctor Emilio Fernando Quintal Patrón, quien sugirió abordar este tema en alguna editorial. Nada más lejos de la realidad, querido doctor. Y lo triste es que ha sucedido siempre, incluso en aquella Roma que hablábamos al principio de esta columna y, por supuesto, hoy.

Francia ha sido un buen receptor de exiliados, mencionaba el galeno, como Marcelo Ebrard, Porfirio Díaz, los haitianos Papa Doc y Baby Doc Duvalier y otros muchos. Pero también Estados Unidos y España, entre otros, han sido refugios temporales.

Ricardo Anaya fue el último de una larga lista de políticos mexicanos que tuvieron que irse del país por distintos motivos. Y dudo mucho que sea el último en los próximos 3 años y los siguientes 6. ¿Apostamos?

Esto es lo que hay.

Anteayer comenzó una nueva edición de la Champions League. 32 equipos, nuevos “gallos” tras un mercado de fichajes espectacularmente atípico, interesado y estratosférico en algunos casos y muchas dudas en los clásicos “cocos” del enjambre de aspirantes a alzarse con la orejona.

Pero para este nuevo Barcelona, sin la figura legendaria ya de Leo Messi, fue el comienzo de una sangría de difícil freno. “Esto es lo que hay”, dijo Gerard Piqué al finalizar el encuentro, una frase secundada por el entrenador, Ronald Koeman. Y es que, efectivamente, esto es lo que hay (como ¡Oh, sí! sucede en política de este país).

En México, todos los días es la misma reflexión. Tras las mentiras mal encaradas o las verdades mal contadas del último informe de gobierno de Andrés Manuel López Obrador; tras ver un gobierno plagado de expriistas al son del “donde dije digo, digo Diego”; tras la corrupción galopante y las sornas diarias en el Congreso, solo queda decir: “Esto es lo que hay, esta es la maquinaria que gobierna nuestro país”.

Y aunque no gobierne, también. La oposición mezquina, lenta, desfigurada, combatiente a veces por medio de arreones sin estrategias, esa oposición supuestamente recargada y unida tras el 6 de junio es, como diría mi buen amigo Abraham (un analista político sin pelos en la lengua y muchas verdades), una burla, que hace aguas por todos lados.

Dios mío, qué sensación de abandono y vacío. La próxima década política será un despropósito.

Réquiem.

En México, no hartos de las barbaridades políticas actuales, es costumbre aceptar la tergiversación de la historia para adecuarla a un fin partidista e ideológico, y la conversión en una especie de anacronismo barato que debe entrar sí o sí en un molde preestablecido, como una camisa de fuerza.

Total, es más rápido y conlleva menos esfuerzo decir algo y hacerlo pasar como si fuera cierto, que comprobar que no lo es. Y así nos va… Tristemente, así nos va.— Mérida, Yucatán.

@erjavievie

Periodista

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