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Agustín de Iturbide y el mito del consumador

Un tema recurrente en septiembre

Raúl Vela Sosa (*)

Cada septiembre se actualiza la discusión sobre el protagonismo de Agustín de Iturbide en la consumación de la Independencia mexicana. Ahora que se cumplen 200 años del fin de la lucha armada iniciada por el cura Hidalgo, más es la insistencia en ese tema.

A la pregunta de ¿por qué a Agustín de Iturbide no se le considera el consumador de la Independencia de México?, la respuesta es simple: porque no lo fue.

La Independencia se tiene que entender como proceso no como un acto. Desde el llamado “grito” de Miguel Hidalgo, hasta la publicación de los “Sentimientos de la Nación” de José María Morelos, el movimiento social armado consolidó sus propósitos de independencia del reino español y de libertad con la abolición de la esclavitud, y con ello el derecho a constituirse en una nueva nación republicana.

A partir de esos principios la lucha continuó hasta que en 1824 surge la República Mexicana, y en 1829 el presidente Vicente Guerrero derrota a la expedición española que pretendía la reconquista y decreta la abolición de la esclavitud.

Las legítimas guerras de independencia en América las encabezaron quienes la entendieron como la lucha contra el poder del reino español, la intención era romper con el poder de la monarquía absoluta. Se pretendía transitar de una colonia sometida a convertirse en una república liberal, haciendo una transición del poder personal del monarca al poder de nuevas instituciones. Con el Estado liberal surgiría el ciudadano y terminaba el súbdito.

Las revoluciones de independencia americanas fueron luchas contra el estatus colonial y para el surgimiento de nuevas naciones soberanas. No se buscaba el solo separatismo regresionista manteniendo el “Fernandismo”. Los anhelos de independencia estaban ligados al concepto de soberanía popular.

1821 fue el fin de la guerra, no la consumación de la independencia. La disputa para decidir el futuro político y la forma de gobierno de las naciones emergentes estaba en la disyuntiva: un gobierno criollo con fidelidad al rey o, por el contrario, un régimen con soberanía popular republicana.

Quienes estaban a favor de la primera deseaban la permanencia de un régimen monárquico tutelados por una corona extranjera. A esto se le ha denominado “Fernandear”, es decir, lo que los estudiosos denominaron que era la forma de constituir una nación cuyo modelo de gobierno se sometiera a un régimen absolutista del monarca, en este caso Fernando VII.

Esto es precisamente lo que plantea el “El Plan de Iguala”, promovido y firmado por Iturbide, y que no fue suscrito por ninguno de los insurgentes. En dicho plan se declara que el gobierno será una monarquía moderada; en su artículo 4 se asienta que: “Será su emperador el señor Fernando VII”, o su descendencia. En otras palabras, la misma corona de la que nos independizamos, sería la que nos gobernaría. Sería conservar el statu quo colonial. Esto no puede llamarse consumación de una independencia.

En los mismos términos, el otro documento emblemático del Iturbidismo, el denominado “Tratados de Córdoba”, en su artículo III, se señala que: “Será llamado a reinar en el imperio mexicano (….) en primer lugar el señor don Fernando VII, rey católico de España”. Es decir, la antigua monarquía que nos sometía, sería la “nueva” monarquía que nos gobernaría, reafirmando la autoridad del rey. Además en su artículo 17, el imperio se comprometió a destinar presupuesto para sostenimiento de las tropas iberas que permanecían en México. Esto no puede llamarse consumación de una independencia, ni a su autor consumador.

En contrario, “Los sentimientos de la Nación” de Morelos y la Constitución de Apatzingán de 1814 pretendían la instauración de una república, con tres poderes, y ese fue el ideario de los insurgentes en el proceso de creación de una nación libre y soberana, y por ello muchos dieron su vida y otros lo mantuvieron hasta 1824 con la proclamación de la nueva Constitución que dio vida a la república.

Cuando en febrero de 1822 se instaló el primer Congreso Nacional, los desacuerdos fueron entre los diputados borbonistas y los republicanos. Los primeros querían que se instalara la monarquía teniendo como cabeza a un miembro de la casa real española. En otras palabras su propósito era “Fernandear” a la nación.

Los segundos, decididos a instaurar una república, fieles a Morelos, como Carlos María de Bustamante, José María Izazaga, Servando Teresa de Mier, entre otros. En este contexto Iturbide se confronta con los miembros de la Regencia que él presidía y se opone al soberano Congreso por las ideas liberales y republicanas en su seno.

La forma en que resuelven las desavenencias es mediante una asonada que lo declara emperador. Bajo presión de las armas el Congreso Nacional lo designa como tal en una sesión ilegal, puesto que no hubo el quorum obligatorio para dicha votación, violándose así el reglamento del legislativo. Una de sus primeras disposiciones fue prohibir los asensos a los oficiales que habían combatido del lado de los insurgentes.

El imperio mexicano de Iturbide estaría sometido al soberano español y se regiría por una Constitución española, la de Cádiz. Ese imperio es el mismo que no solo mantiene con recursos al ejército español que permanecía en nuestro territorio sino que autoriza que esas tropas se lleven dinero al retornar a su país. Entonces ¿es Don Agustín Independentista?— Mérida, Yucatán.

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Doctor en economía

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